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Inaugurado el Centre Pompidou Málaga

El Centre Pompidou Málaga ha sido inaugurado hoy por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy y la ministra gala de Cultura, Fleur Pellerin, abre sus puertas en el Cubo del puerto, transformado tras la intervención del artista conceptual francés Daniel Buren, como un laboratorio que servirá para experimentar y concretar ideas y que “dará lo mejor de sí mismo”, en palabras del presidente de la institución parisina, Alain Seban, en el que es el último acto oficial de su mandato. El Centre Pompidou provisional, como le llaman sus impulsores y que ofrecerá jornadas de puertas abiertas durante la tarde de este sábado y todo el domingo, pretende despertar la curiosidad y la emoción del visitante. De hecho, el primer público al que se dirige es aquel que en un principio no iría a un museo. No es un contenedor de obras de arte sin más, sino un espacio cultural vivo, cuyo principal objetivo es fomentar la participación y establecer vínculos con el tejido social local, de modo que se produzca una dinámica cultural capaz de emanciparse. Y es que la permanencia en Málaga del Pompidou, su primera filial fuera de Francia, es de cinco años, aunque no se descarta prorrogar esa colaboración por el mismo periodo de tiempo. Se presenta un recorrido temático a través de una selección de más de 80 obras de la colección de la institución parisina, con autores como Pablo Ruiz Picasso, Alberto Giacometti, Frida Kahlo, René Magritte, Marc Chagall, Rineke Dijkstra, Tony Oursler, Francis Bacon, Max Ernst, Chirico o Sophie Calle. A través de esa exposición, durante dos años y medio y sobre un espacio de 2.000 metros cuadrados, en el que hay un encuentro continuo entre artistas del siglo XX y del XXI, se pretende “girar el espejo de la imagen para orientarlo hacia el espectador y sumergirlo en el imaginario de su tiempo”, según la directora adjunta del Museo Nacional de Arte Moderno del Pompidou y comisaria de la exposición inaugural, Brigitte Leal. Son cinco temas los que se tratan en este recorrido: ‘Metamorfosis’, ‘Autorretratos’, ‘Hombre sin rostro, ‘El cuerpo político’ y ‘El cuerpo en pedazos’. Tras la bienvenida de Pierrick Sorin, con su videoinstalación de los mil rostros, la primera de estas temáticas gira en torno a Picasso y a su concepto del retrato como un desafío al parecido. Junto a él, Antonio Saura, Gérard Gasiorowski o Erró, que reinterpretan los retratos de uno de los grandes modelos del genio malagueño de los años 30, la fotógrafa Dora Maar. En este punto, el holandés Rineke Dijkstra muestra las dudas del espectador ante un cuadro. Con su instalación de vídeo ‘Veo a una mujer llorando, mujer llorosa’ (2009-2010) hace referencia a la pintura de Picasso ‘La mujer que llora’ y logra descubrirlo, pero sin mostrarlo, solamente con las reacciones y emociones de los jóvenes que lo comentan. En ‘Autorretratos’ se desmonta la imagen simplista de un yo único: Julio González subraya su propensión melancólica; Van Dongen, Ed Paschke o Eduardo Arroyo afrontan su bipolaridad sexual, o Chagall celebra su poder creador. Pueden verse también las percepciones que de sí mismos muestran Bacon, Frida Kahlo o Jean Tinguely. La Primera Guerra Mundial transformó la imagen del ser humano y, precisamente, eso es lo que se refleja en ‘El hombre sin rostro’, espacio en el que de la mano de Chirico o Fernand Léger se camina por figuras anónimas o deshumanizadas. Tras el periodo bélico se reinventa al hombre moderno desde un punto de vista crítico; reflejo de ello son las figuras cadavéricas de George Segal o la conciencia de la precariedad humana de Giacometti. En ‘El cuerpo político’ las mujeres imponen su visión del mundo, caracterizada por ser alternativa y rebelde. Se ridiculiza el estereotipo de la mujer objeto o se critica la situación establecida, como lo hace la israelí Sigalit Landau, a cuyo cuerpo desnudo en una playa de Tel Aviv castiga al ritmo de un hula-hoop de alambre espinado, en clara referencia a una frontera magullada por la guerra. Annette Messanger incide en las pulsiones mórbidas de la infancia mediante 14 vitrinas de pájaros disecados con pañales como bebés o muñecas. El paso por ‘El cuerpo en pedazos’ recuerda de nuevo a Picasso y al cubismo y a sus ‘Señoritas de Aviñón’; en suma, a su desmontaje definitivo del mito de la belleza académica, transmitiendo la imagen patética del hombre. Se puede ver una de las últimas obras del pintor malagueño, ‘Pareja’ (1971), y también cuerpos desmembrados y heridos a través de la mano de Antoni Tàpies. U otros ausentes, fundidos en la masa, como es el caso de la instalación ‘Fantasma’, del francés Kader Attia (2007), compuesta por más de un centenar de figuras envueltas en papel de aluminio, en las que sólo existe el recuerdo de un cuerpo, el de los estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Málaga que participaron en su realización. Este paseo por el Pompidou se hace bajo la atenta mirada de Tony Oursler y su instalación multimedia ‘Switch’. Varios elementos dispersos por la planta baja del Cubo sorprenden al visitante como si se tratara de una puesta teatral representada a través de muñecos con rostros proyectados —David Bowie presta su cara—. Con otra de sus formas, ‘The eye’, se produce un cruce entre observador y observado. Junto a la colección permanente, el Centre Pompidou Málaga propone una programación de dos a tres exposiciones temporales al año en un espacio de 363 metros cuadrados. Tendrán una duración que oscilará entre los tres y los seis meses y explorarán diversos segmentos artísticos, tales como la fotografía, el diseño, la arquitectura o el vídeo. Las dos primeras se dedicarán a las obras sobre papel de Joan Miró y al trabajo de mujeres fotógrafas de los años 1920-1930. Entre esas exposiciones, en este mismo espacio se programarán manifestaciones con duraciones más cortas, abiertas a otras disciplinas de la creación —la danza, el cine y la palabra—. La primera de ellas es ‘Vidéodanse’, una apuesta del Pompidou que en Málaga cuenta con una edición especial, que permanecerá en el Cubo hasta el 20 de abril, y con la que se comparte la riqueza del campo coreográfico moderno y contemporáneo. Esta propuesta ofrece la proyección de películas en pantallas gigantes en las que se muestra la danza en espacios museográficos; todo ello enriquecido con obras coreográficas en vivo. También se programarán en el auditorio del Cubo diversos ciclos, basados sobre todo en las piezas expuestas. Conferencias, debates y lecturas para ayudar al público a acercarse a la obra y entender el mensaje de los artistas modernos y contemporáneos. En esta dimensión divulgadora que caracteriza al Centre Pompidou tendrán especial relevancia los talleres para niños y jóvenes. Para ello, cuentan con una zona específica en la planta superior: ‘Espacio público joven’. Para empezar, de la mano del escultor Miquel Navarro y su obra-juego ‘Bajo la luna II’, con cientos de piezas de construcción manipulables, los participantes están invitados a construir su ciudad ideal, que, no obstante, deben imaginar de forma colectiva. Además, a partir de un repertorio de imágenes, el artista islandés Erró sugiere a los menores, en el taller ‘Mécacollages’, crear su propio retrato.

Europa Press

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